Los
países productores de hidrocarburos (petróleo y gas natural)
generalmente se debaten en la disyuntiva de sólo ejercer la
propiedad de los mismos dejando que empresas multinacionales se
encarguen de su producción y comercialización, o por el contrario,
participar directa o activamente en su explotación eonómica (el
negocio de la venta de hidrocarburos y derivados). Esta selección
alternativa o combinada, define la importancia del adecuado ejercicio
de la propiedad y la administración de los hidrocarburos para
cualquier país productor; y puede ser un elemento fundamental en la
promoción de condiciones favorables al desarrollo económico y
social de la Nación.
El
sólo ejercer la propiedad de los recursos hidrocarburíferos,
pareciera ser el esquema más utilizado en el mundo desarrollado, ya
que los gobiernos, en general, sólo definen y recaban como renta
fiscal los impuestos y
regalías que
cargan a las empresas productoras y comercializadoras de tales
recursos; y se desentienden de las particularidades, riesgos
y
complejida_des
del negocio de hidrocarburos (dónde
encontralos, cómo
producirlos y cómo
venderlos
para obtener la máxima rentabilidad).
Lo
anterior, dependiendo
de la visión gubernamental y de las propias
condiciones
de los mercados, puede ser alternativamente
bueno
o no, ya que garantiza en todo tiempo un nivel importante
de
renta fiscal al Estado (sin
riesgos económicos asociados),
pero, limita el acceso de éste al valor económico o riqueza
integral del recurso (cuando
es vendido
en
un mercado alcista).
No obstante, los diversos riesgos asociados al negocio de los
hidrocarburos y el poco dominio que los productores pueden tener
sobre sus precios (como ha pasado en timpos recientes)
puede
impulsar a los Estados-propietarios, a no intervenir directamente en
el negocio y conformarse con el simple acceso a los recursos
tributarios derivados del mismo.
En
suma,. la elección del mejor esquema de participación enfrenta
importantes retos decisorios, los cuales pueden resumirse a
continuación.
La
propiedad de los hidrocarburos por parte de los países productores,
genera la percepción de la renta fiscal sobre los mismos, es decir,
el acceso a los recursos tributarios que se genera por el cobro de
las regalías e impuestos relacionados a la propiedad de dichos
recursos. Pero detentar su propiedad, aunque garantiza dicha renta,
limita el dominio sobre el alcance o amplitud de las políticas
públicas energéticas; es decir, el acceso al beneficio integral de
tener en propiedad tales fuentes de energía primaria, definir la
forma idonea de administralos y explotarlos económicamente (en suma
la integralidad de su administración).
La
efectiva o integral admistración de los hidrocarburos es un tema
sustantivo para los países, ya que esto significa captar los
beneficios por la comercialización del recurso energético; vale
decir, la utilidad integral del negocio. Un país productor de
hidrocarburos, tiene la ventaja comparativa que posibilita
desarrollarse económicamente a partir de la adecuada administración
de la riqueza y valor de dichos recursos. Pero la cuestión
fundamental es decidir o definir si es económicamente más favorable
el participar directamente, con figuras empresariales estatales (con
los riesgos de gestión que esto implica) en la explotación de tales
recursos, o simplemente conformarse con el acceso a la renta
tributaria o fiscal que paguen los operadores de dicha industria, en
el entendido que la administración de dichos bienes (desde el
proceso de su búsqueda, hasta su comercialización final) no estará
dominada por el Estado.
Lo
descrito, no un asunto de sencilla decisión, porque el participar
integralmente en el negocio, implica para el “país-propietario”
la necesaria dismunción de la participación en los impuestos y
regalías (con el consecuencial efecto contractivo en la renta
fiscal), ya que es un contrasentido pretender maximizar la renta
fiscal, y a la vez, obtener beneficios sobre la venta final de los
hidrocarburos; esto, por la sencilla razón que los impuestos y
tributos que se cargan a los mismos, constituyen o forman parte de
los costos totales de producción de los hidrocarburos. El asunto, es
definir hasta que punto el país está dispuesto a rebajar las
regalías y los impuestos a la actividad, con miras a participar en
la utilidad neta que genere la venta final de los hidrocarburos y sus
derivados; auque esto último (la ganancia del negocio) siempre
estará sujeto a las condiciones y riesgos inherentes al mercado de
los hidrocarburos.
Visto
de otra forma, ya que los impuestos y regalías fijados por el Estado
establecen una base de costo para la producción de los hidrocarburos
(aparte de los demás costos asociados) si éste decide participar en
su administración, deberá definir su nivel de acceso o preferencia
a los beneficios integrales del negocio; es decir, si prefiere la vía
de los tributos, o la de los dividendos o utilidad neta en la
comercialización; entendiendo que lo que deje de gravar fiscalmente,
debería ser compensado por las utilidades que obtenga la empresa de
su propiedad, al comercializar el crudo, el gas natural y cualquier
producto derivado.
En
términos financieros, los impuestos y las regalías que recabe el
Estado propietario de los hidrocarburos, deben ser inferiores a los
dividendos obtenidos en la producción y comercialización de los
mismos, toda vez que ésta última actividad conlleva las inversiones
de capital y sus riesgos asociados a las actividades de, tales como:
-
Exploración: Éxito en la búsqueda geológica de yacimientos económicamente de las potencialidades físicas y geológicas de los yacimientos.
-
Producción: Implementación de procesos eficientes de extracción y máximo aprovechamiento del recurso.
-
Acondicionamiento y refinación: Logro de la mejor composición y calidad energética del recurso y sus productos derivados.
-
Transporte: Definición de la infraestructura económicamente más eficiente para su circulación o trasmisión.
-
Almacenamiento y procesamiento: Definir el nivel óptimo de reservas estrategicas procíclicas o anticíclicas y la mejor mezcla de los procesos de refinación.
-
Comercialización: En un entorno de precios volatiles no dominados por el productor, definir qué mercado regional o geográfico es el económicamente más atractivo para su venta final.
En
contraste a lo anterior, el
acceso a la renta tributaria y fiscal por
parte del Estado (por
el ejercicio de
la propiedad),
está
exento de
riesgos, y
sólo requiere la eficiente y productiva administración de tal masa
de recursos (políticas públicas de redistribución de la renta).
Sin embargo, la voracidad fiscal de
los gobernantes-administradores de la renta pública puede
nublar su
racionalidad,
poniendo a riesgo, con
excesivas cargas tributarias o fiscales,
la sustentabilidad de la industria y
de los propios operadores, ya que tales conceptos pueden llegar a
incidir de forma importante en los perfiles de las estructuras de los
costos de producción o manejo de los hidrocarburos. Incluso
esto
podrían llegar a representar cargas que comprometen sustantivamente
el logro del punto de equilibrio entre costos e ingresos de la
industria, ya que las cambiantes o
volátiles condiciones financieras
de
los mercados internacionales en que se comercializan dichos
recursos energéticos, requieren asentar y desarrollar sólidos
procesos de eficiencia económica en su
explotación.
En
base a lo anterior, es importante que los tributos que aplican los
países a la producción de hidrocarburos, nunca confisquen la renta
de los productores (empresas), ya que esto puede generar desinversión
y debilitamiento económico en los mismos, y consecuencialmente
comprometer la continuidad de la actividad, lo cual a la larga, será
peor para los Estados recaudadores de renta, ya que ello puede mermar
significativamente la renta fiscal o tributaria y por ende la
ejecución de sus presupuestos de gestión pública.
En
suma, la tributación que aplican los Estados-propietarios de los
hidrocarburos, debe ser justa y adecuada a la condición del sector,
permitiendo que aparte de recuperar las inversiones de capital
realizadas, se generen utilidades y dividendos razonables, que
representen verdaderos incentivos para la sustentabilidad de las
operaciones; lo cual, adicionalmente, garantizará a los Estados el
acceso continuo a la renta tributaria.
Por
otra parte, el ejercicio conjunto de la propiedad y la administración
de tales recursos, permite a los países-productores, obtener la
máxima riqueza y acceso al valor económico integral de los mismos,
y por derivación, posibilita dominar el diseño y eficaz desarrollo
y administración de las políticas públicas en el sector
energético. Pero esto, requiere de los Estados, la eficaz
combinación de dos (2) enfoques:
-
i) Como “hacedor” de políticas públicas, para definir y administrar (dedistribuir) los recursos tributarios y fiscales recabados de la actividad,
-
ii) En su rol como “empresario-participante”, para maximizar los beneficios en la explotación y venta de tales recursos.
La
experiencia práctica indica que todo Estado
“propietario-productor-comercializador de hidrocarburos” debe
materializar y combinar adecuadamente los roles mencionados,
requiriendo
la
necesaria experticia y conocimiento sobre el desarrollo y
administración de políticas públicas (que privilegien la adecuada
redistribución de la renta fiscal para fomentar el desarrollo y el
bienestar de la población), con el ineludible conocimiento y
destreza sobre los preceptos de economía industrial de los
hidrocarburos, para operar y administrar rentable y eficazmente, sus
empresas productoras de petróleo o gas natural; en un mercado que
cada vez luce
más
complicado y volátil.Los
países productores de hidrocarburos (petróleo y gas natural)
generalmente se debaten en la disyuntiva de sólo ejercer la
propiedad de los mismos dejando que empresas multinacionales se
encarguen de su producción y comercialización, o por el contrario,
participar directa o activamente en su explotación eonómica (el
negocio de la venta de hidrocarburos y derivados). Esta selección
alternativa o combinada, define la importancia del adecuado ejercicio
de la propiedad y la administración de los hidrocarburos para
cualquier país productor; y puede ser un elemento fundamental en la
promoción de condiciones favorables al desarrollo económico y
social de la Nación.
El
sólo ejercer la propiedad de los recursos hidrocarburíferos,
pareciera ser el esquema más utilizado en el mundo desarrollado, ya
que los gobiernos, en general, sólo definen y recaban como renta
fiscal los impuestos y
regalías que
cargan a las empresas productoras y comercializadoras de tales
recursos; y se desentienden de las particularidades, riesgos
y
complejida_des
del negocio de hidrocarburos (dónde
encontralos, cómo
producirlos y cómo
venderlos
para obtener la máxima rentabilidad).
Lo
anterior, dependiendo
de la visión gubernamental y de las propias
condiciones
de los mercados, puede ser alternativamente
bueno
o no, ya que garantiza en todo tiempo un nivel importante
de
renta fiscal al Estado (sin
riesgos económicos asociados),
pero, limita el acceso de éste al valor económico o riqueza
integral del recurso (cuando
es vendido
en
un mercado alcista).
No obstante, los diversos riesgos asociados al negocio de los
hidrocarburos y el poco dominio que los productores pueden tener
sobre sus precios (como ha pasado en timpos recientes)
puede
impulsar a los Estados-propietarios, a no intervenir directamente en
el negocio y conformarse con el simple acceso a los recursos
tributarios derivados del mismo.
En
suma,. la elección del mejor esquema de participación enfrenta
importantes retos decisorios, los cuales pueden resumirse a
continuación.
La
propiedad de los hidrocarburos por parte de los países productores,
genera la percepción de la renta fiscal sobre los mismos, es decir,
el acceso a los recursos tributarios que se genera por el cobro de
las regalías e impuestos relacionados a la propiedad de dichos
recursos. Pero detentar su propiedad, aunque garantiza dicha renta,
limita el dominio sobre el alcance o amplitud de las políticas
públicas energéticas; es decir, el acceso al beneficio integral de
tener en propiedad tales fuentes de energía primaria, definir la
forma idonea de administralos y explotarlos económicamente (en suma
la integralidad de su administración).
La
efectiva o integral admistración de los hidrocarburos es un tema
sustantivo para los países, ya que esto significa captar los
beneficios por la comercialización del recurso energético; vale
decir, la utilidad integral del negocio. Un país productor de
hidrocarburos, tiene la ventaja comparativa que posibilita
desarrollarse económicamente a partir de la adecuada administración
de la riqueza y valor de dichos recursos. Pero la cuestión
fundamental es decidir o definir si es económicamente más favorable
el participar directamente, con figuras empresariales estatales (con
los riesgos de gestión que esto implica) en la explotación de tales
recursos, o simplemente conformarse con el acceso a la renta
tributaria o fiscal que paguen los operadores de dicha industria, en
el entendido que la administración de dichos bienes (desde el
proceso de su búsqueda, hasta su comercialización final) no estará
dominada por el Estado.
Lo
descrito, no un asunto de sencilla decisión, porque el participar
integralmente en el negocio, implica para el “país-propietario”
la necesaria dismunción de la participación en los impuestos y
regalías (con el consecuencial efecto contractivo en la renta
fiscal), ya que es un contrasentido pretender maximizar la renta
fiscal, y a la vez, obtener beneficios sobre la venta final de los
hidrocarburos; esto, por la sencilla razón que los impuestos y
tributos que se cargan a los mismos, constituyen o forman parte de
los costos totales de producción de los hidrocarburos. El asunto, es
definir hasta que punto el país está dispuesto a rebajar las
regalías y los impuestos a la actividad, con miras a participar en
la utilidad neta que genere la venta final de los hidrocarburos y sus
derivados; auque esto último (la ganancia del negocio) siempre
estará sujeto a las condiciones y riesgos inherentes al mercado de
los hidrocarburos.
Visto
de otra forma, ya que los impuestos y regalías fijados por el Estado
establecen una base de costo para la producción de los hidrocarburos
(aparte de los demás costos asociados) si éste decide participar en
su administración, deberá definir su nivel de acceso o preferencia
a los beneficios integrales del negocio; es decir, si prefiere la vía
de los tributos, o la de los dividendos o utilidad neta en la
comercialización; entendiendo que lo que deje de gravar fiscalmente,
debería ser compensado por las utilidades que obtenga la empresa de
su propiedad, al comercializar el crudo, el gas natural y cualquier
producto derivado.
En
términos financieros, los impuestos y las regalías que recabe el
Estado propietario de los hidrocarburos, deben ser inferiores a los
dividendos obtenidos en la producción y comercialización de los
mismos, toda vez que ésta última actividad conlleva las inversiones
de capital y sus riesgos asociados a las actividades de, tales como:
-
Exploración: Éxito en la búsqueda geológica de yacimientos económicamente de las potencialidades físicas y geológicas de los yacimientos.
-
Producción: Implementación de procesos eficientes de extracción y máximo aprovechamiento del recurso.
-
Acondicionamiento y refinación: Logro de la mejor composición y calidad energética del recurso y sus productos derivados.
-
Transporte: Definición de la infraestructura económicamente más eficiente para su circulación o trasmisión.
-
Almacenamiento y procesamiento: Definir el nivel óptimo de reservas estrategicas procíclicas o anticíclicas y la mejor mezcla de los procesos de refinación.
-
Comercialización: En un entorno de precios volatiles no dominados por el productor, definir qué mercado regional o geográfico es el económicamente más atractivo para su venta final.
En
contraste a lo anterior, el
acceso a la renta tributaria y fiscal por
parte del Estado (por
el ejercicio de
la propiedad),
está
exento de
riesgos, y
sólo requiere la eficiente y productiva administración de tal masa
de recursos (políticas públicas de redistribución de la renta).
Sin embargo, la voracidad fiscal de
los gobernantes-administradores de la renta pública puede
nublar su
racionalidad,
poniendo a riesgo, con
excesivas cargas tributarias o fiscales,
la sustentabilidad de la industria y
de los propios operadores, ya que tales conceptos pueden llegar a
incidir de forma importante en los perfiles de las estructuras de los
costos de producción o manejo de los hidrocarburos. Incluso
esto
podrían llegar a representar cargas que comprometen sustantivamente
el logro del punto de equilibrio entre costos e ingresos de la
industria, ya que las cambiantes o
volátiles condiciones financieras
de
los mercados internacionales en que se comercializan dichos
recursos energéticos, requieren asentar y desarrollar sólidos
procesos de eficiencia económica en su
explotación.
En
base a lo anterior, es importante que los tributos que aplican los
países a la producción de hidrocarburos, nunca confisquen la renta
de los productores (empresas), ya que esto puede generar desinversión
y debilitamiento económico en los mismos, y consecuencialmente
comprometer la continuidad de la actividad, lo cual a la larga, será
peor para los Estados recaudadores de renta, ya que ello puede mermar
significativamente la renta fiscal o tributaria y por ende la
ejecución de sus presupuestos de gestión pública.
En
suma, la tributación que aplican los Estados-propietarios de los
hidrocarburos, debe ser justa y adecuada a la condición del sector,
permitiendo que aparte de recuperar las inversiones de capital
realizadas, se generen utilidades y dividendos razonables, que
representen verdaderos incentivos para la sustentabilidad de las
operaciones; lo cual, adicionalmente, garantizará a los Estados el
acceso continuo a la renta tributaria.
Por
otra parte, el ejercicio conjunto de la propiedad y la administración
de tales recursos, permite a los países-productores, obtener la
máxima riqueza y acceso al valor económico integral de los mismos,
y por derivación, posibilita dominar el diseño y eficaz desarrollo
y administración de las políticas públicas en el sector
energético. Pero esto, requiere de los Estados, la eficaz
combinación de dos (2) enfoques:
-
i) Como “hacedor” de políticas públicas, para definir y administrar (dedistribuir) los recursos tributarios y fiscales recabados de la actividad,
-
ii) En su rol como “empresario-participante”, para maximizar los beneficios en la explotación y venta de tales recursos.
La
experiencia práctica indica que todo Estado
“propietario-productor-comercializador de hidrocarburos” debe
materializar y combinar adecuadamente los roles mencionados,
requiriendo
la
necesaria experticia y conocimiento sobre el desarrollo y
administración de políticas públicas (que privilegien la adecuada
redistribución de la renta fiscal para fomentar el desarrollo y el
bienestar de la población), con el ineludible conocimiento y
destreza sobre los preceptos de economía industrial de los
hidrocarburos, para operar y administrar rentable y eficazmente, sus
empresas productoras de petróleo o gas natural; en un mercado que
cada vez luce
más
complicado y volátil.Los
países productores de hidrocarburos (petróleo y gas natural)
generalmente se debaten en la disyuntiva de sólo ejercer la
propiedad de los mismos dejando que empresas multinacionales se
encarguen de su producción y comercialización, o por el contrario,
participar directa o activamente en su explotación eonómica (el
negocio de la venta de hidrocarburos y derivados). Esta selección
alternativa o combinada, define la importancia del adecuado ejercicio
de la propiedad y la administración de los hidrocarburos para
cualquier país productor; y puede ser un elemento fundamental en la
promoción de condiciones favorables al desarrollo económico y
social de la Nación.
El
sólo ejercer la propiedad de los recursos hidrocarburíferos,
pareciera ser el esquema más utilizado en el mundo desarrollado, ya
que los gobiernos, en general, sólo definen y recaban como renta
fiscal los impuestos y
regalías que
cargan a las empresas productoras y comercializadoras de tales
recursos; y se desentienden de las particularidades, riesgos
y
complejida_des
del negocio de hidrocarburos (dónde
encontralos, cómo
producirlos y cómo
venderlos
para obtener la máxima rentabilidad).
Lo
anterior, dependiendo
de la visión gubernamental y de las propias
condiciones
de los mercados, puede ser alternativamente
bueno
o no, ya que garantiza en todo tiempo un nivel importante
de
renta fiscal al Estado (sin
riesgos económicos asociados),
pero, limita el acceso de éste al valor económico o riqueza
integral del recurso (cuando
es vendido
en
un mercado alcista).
No obstante, los diversos riesgos asociados al negocio de los
hidrocarburos y el poco dominio que los productores pueden tener
sobre sus precios (como ha pasado en timpos recientes)
puede
impulsar a los Estados-propietarios, a no intervenir directamente en
el negocio y conformarse con el simple acceso a los recursos
tributarios derivados del mismo.
En
suma,. la elección del mejor esquema de participación enfrenta
importantes retos decisorios, los cuales pueden resumirse a
continuación.
La
propiedad de los hidrocarburos por parte de los países productores,
genera la percepción de la renta fiscal sobre los mismos, es decir,
el acceso a los recursos tributarios que se genera por el cobro de
las regalías e impuestos relacionados a la propiedad de dichos
recursos. Pero detentar su propiedad, aunque garantiza dicha renta,
limita el dominio sobre el alcance o amplitud de las políticas
públicas energéticas; es decir, el acceso al beneficio integral de
tener en propiedad tales fuentes de energía primaria, definir la
forma idonea de administralos y explotarlos económicamente (en suma
la integralidad de su administración).
La
efectiva o integral admistración de los hidrocarburos es un tema
sustantivo para los países, ya que esto significa captar los
beneficios por la comercialización del recurso energético; vale
decir, la utilidad integral del negocio. Un país productor de
hidrocarburos, tiene la ventaja comparativa que posibilita
desarrollarse económicamente a partir de la adecuada administración
de la riqueza y valor de dichos recursos. Pero la cuestión
fundamental es decidir o definir si es económicamente más favorable
el participar directamente, con figuras empresariales estatales (con
los riesgos de gestión que esto implica) en la explotación de tales
recursos, o simplemente conformarse con el acceso a la renta
tributaria o fiscal que paguen los operadores de dicha industria, en
el entendido que la administración de dichos bienes (desde el
proceso de su búsqueda, hasta su comercialización final) no estará
dominada por el Estado.
Lo
descrito, no un asunto de sencilla decisión, porque el participar
integralmente en el negocio, implica para el “país-propietario”
la necesaria dismunción de la participación en los impuestos y
regalías (con el consecuencial efecto contractivo en la renta
fiscal), ya que es un contrasentido pretender maximizar la renta
fiscal, y a la vez, obtener beneficios sobre la venta final de los
hidrocarburos; esto, por la sencilla razón que los impuestos y
tributos que se cargan a los mismos, constituyen o forman parte de
los costos totales de producción de los hidrocarburos. El asunto, es
definir hasta que punto el país está dispuesto a rebajar las
regalías y los impuestos a la actividad, con miras a participar en
la utilidad neta que genere la venta final de los hidrocarburos y sus
derivados; auque esto último (la ganancia del negocio) siempre
estará sujeto a las condiciones y riesgos inherentes al mercado de
los hidrocarburos.
Visto
de otra forma, ya que los impuestos y regalías fijados por el Estado
establecen una base de costo para la producción de los hidrocarburos
(aparte de los demás costos asociados) si éste decide participar en
su administración, deberá definir su nivel de acceso o preferencia
a los beneficios integrales del negocio; es decir, si prefiere la vía
de los tributos, o la de los dividendos o utilidad neta en la
comercialización; entendiendo que lo que deje de gravar fiscalmente,
debería ser compensado por las utilidades que obtenga la empresa de
su propiedad, al comercializar el crudo, el gas natural y cualquier
producto derivado.
En
términos financieros, los impuestos y las regalías que recabe el
Estado propietario de los hidrocarburos, deben ser inferiores a los
dividendos obtenidos en la producción y comercialización de los
mismos, toda vez que ésta última actividad conlleva las inversiones
de capital y sus riesgos asociados a las actividades de, tales como:
-
Exploración: Éxito en la búsqueda geológica de yacimientos económicamente de las potencialidades físicas y geológicas de los yacimientos.
-
Producción: Implementación de procesos eficientes de extracción y máximo aprovechamiento del recurso.
-
Acondicionamiento y refinación: Logro de la mejor composición y calidad energética del recurso y sus productos derivados.
-
Transporte: Definición de la infraestructura económicamente más eficiente para su circulación o trasmisión.
-
Almacenamiento y procesamiento: Definir el nivel óptimo de reservas estrategicas procíclicas o anticíclicas y la mejor mezcla de los procesos de refinación.
-
Comercialización: En un entorno de precios volatiles no dominados por el productor, definir qué mercado regional o geográfico es el económicamente más atractivo para su venta final.
En
contraste a lo anterior, el
acceso a la renta tributaria y fiscal por
parte del Estado (por
el ejercicio de
la propiedad),
está
exento de
riesgos, y
sólo requiere la eficiente y productiva administración de tal masa
de recursos (políticas públicas de redistribución de la renta).
Sin embargo, la voracidad fiscal de
los gobernantes-administradores de la renta pública puede
nublar su
racionalidad,
poniendo a riesgo, con
excesivas cargas tributarias o fiscales,
la sustentabilidad de la industria y
de los propios operadores, ya que tales conceptos pueden llegar a
incidir de forma importante en los perfiles de las estructuras de los
costos de producción o manejo de los hidrocarburos. Incluso
esto
podrían llegar a representar cargas que comprometen sustantivamente
el logro del punto de equilibrio entre costos e ingresos de la
industria, ya que las cambiantes o
volátiles condiciones financieras
de
los mercados internacionales en que se comercializan dichos
recursos energéticos, requieren asentar y desarrollar sólidos
procesos de eficiencia económica en su
explotación.
En
base a lo anterior, es importante que los tributos que aplican los
países a la producción de hidrocarburos, nunca confisquen la renta
de los productores (empresas), ya que esto puede generar desinversión
y debilitamiento económico en los mismos, y consecuencialmente
comprometer la continuidad de la actividad, lo cual a la larga, será
peor para los Estados recaudadores de renta, ya que ello puede mermar
significativamente la renta fiscal o tributaria y por ende la
ejecución de sus presupuestos de gestión pública.
En
suma, la tributación que aplican los Estados-propietarios de los
hidrocarburos, debe ser justa y adecuada a la condición del sector,
permitiendo que aparte de recuperar las inversiones de capital
realizadas, se generen utilidades y dividendos razonables, que
representen verdaderos incentivos para la sustentabilidad de las
operaciones; lo cual, adicionalmente, garantizará a los Estados el
acceso continuo a la renta tributaria.
Por
otra parte, el ejercicio conjunto de la propiedad y la administración
de tales recursos, permite a los países-productores, obtener la
máxima riqueza y acceso al valor económico integral de los mismos,
y por derivación, posibilita dominar el diseño y eficaz desarrollo
y administración de las políticas públicas en el sector
energético. Pero esto, requiere de los Estados, la eficaz
combinación de dos (2) enfoques:
-
i) Como “hacedor” de políticas públicas, para definir y administrar (dedistribuir) los recursos tributarios y fiscales recabados de la actividad,
-
ii) En su rol como “empresario-participante”, para maximizar los beneficios en la explotación y venta de tales recursos.
La
experiencia práctica indica que todo Estado
“propietario-productor-comercializador de hidrocarburos” debe
materializar y combinar adecuadamente los roles mencionados,
requiriendo
la
necesaria experticia y conocimiento sobre el desarrollo y
administración de políticas públicas (que privilegien la adecuada
redistribución de la renta fiscal para fomentar el desarrollo y el
bienestar de la población), con el ineludible conocimiento y
destreza sobre los preceptos de economía industrial de los
hidrocarburos, para operar y administrar rentable y eficazmente, sus
empresas productoras de petróleo o gas natural; en un mercado que
cada vez luce
más
complicado y volátil.
En
todo caso, es conducente concluir
que lo
expuesto (ejercer
la propiedad y administrar eficazmente los recursos
hidrocarburíferos) son
objetivos, que
de forma particular o combinada, de difícil consecución,
en razón del complejo entramado que refleja la geopolítica de la
energía, la inestabilidad económica
de
muchos países, las
deficiencias que se observan en la implementación de políticas
públicas energéticas, así
como en los
crecientes riesgos de
volatilidad que
refleja el mercado mundial de los hidrocarburos.